Bulgaria vota el domingo: ¿se repetirá el impulso al cambio que se vio en Hungría?

Elecciones en Bulgaria: Un Momento Decisivo

Bulgaria celebra este domingo sus octavas elecciones parlamentarias en cinco años, con el nuevo partido del expresidente Rumen Radev a la cabeza de los sondeos. Esta votación es esperada por muchos como la posible solución a la inestabilidad política crónica que ha caracterizado al país en los últimos años.

Radev, exgeneral de las fuerzas aéreas que dimitió como presidente en enero, formó su coalición Bulgaria Progresista tras la dimisión del Gobierno en diciembre. Su partido lidera las encuestas con un 33% de apoyo, lo que lo posiciona como un actor clave en un Parlamento que se prevé fragmentado.

Las elecciones llegan tras cinco años de crisis casi permanente, durante los cuales ningún Gobierno ha logrado completar un mandato. En su lugar, Bulgaria ha experimentado administraciones interinas, coaliciones frágiles y alianzas efímeras que han colapsado en medio de escándalos.

La confianza pública se ha evaporado prácticamente, y la participación electoral, que antes era un indicador de compromiso democrático, ha caído a niveles crónicos. Esta inestabilidad ha sido aún más agudizada por la guerra total de Rusia en Ucrania, que ha dejado al descubierto profundas divisiones tanto en la sociedad como en la clase política.

A pesar de esto, Bulgaria ha progresado en su integración europea, uniéndose a Schengen y adoptando el euro, muchas veces sin un Gobierno en funciones o un presupuesto estatal aprobado. Sin embargo, los retrasos en las reformas han dificultado el acceso a los fondos de recuperación de la Unión Europea, lo que podría costarle al país miles de millones.

Nuevo actor, ¿el momento perfecto?

El último colapso gubernamental ocurrió después de una oleada de protestas masivas a finales de 2025, las cuales fueron desencadenadas por un controvertido proyecto de presupuesto. Esto rápidamente se transformó en una revuelta más amplia contra el ‘status quo’ político, centrando la ira pública en figuras como Boyko Borissov, líder del GERB y ex primer ministro, y Delyan Peevski, un polifacético político sancionado bajo la Ley Magnitsky de Estados Unidos. Los críticos los acusan de operar en tándem para consolidar el control estatal y concentrar el poder sobre todo en Peevski, quien, a pesar de no formar parte oficialmente del Gobierno, ejerce una influencia considerable.

Las protestas fueron lideradas en parte por la coalición opositora Continuamos el Cambio-Bulgaria Democrática (PP-DB), que buscó reinventarse después de perder credibilidad por haber gobernado anteriormente junto a las mismas figuras a las que se oponen. Su lema renovado, «nunca más», resonó profundamente y movilizó a miles de ciudadanos, lo que finalmente llevó a la dimisión del Gobierno.

A medida que este impulso alcanzaba su punto álgido, surgió un nuevo contendiente: Radev, quien formó un nuevo partido político con la promesa de «romper la oligarquía». En cuestión de semanas, se colocó en la cima de las encuestas.

¿Proeuropeo o al estilo Orbán?

Los sondeos indican que la formación de Radev, Bulgaria Progresista, podría asegurar el primer puesto con más del 33% de apoyo. Aunque es poco probable que esto traduzca en una mayoría absoluta, lo posiciona como un decisor clave en un Parlamento que se espera indeciso.

Su ascenso ha suscitado comparaciones con Hungría y especialmente con su primer ministro, Viktor Orbán. Sin embargo, el paralelismo es dual. Por un lado, la alta participación en las recientes elecciones húngaras, que pusieron fin a 16 años de mandato de Orbán, ha brindado esperanza a algunos búlgaros de que la movilización pueda romper el ciclo de apatía e inestabilidad.

Por otro lado, los críticos advierten que la tendencia de Radev podría asemejarse a las políticas de Orbán. A principios de este año, Slavi Vassilev, un cercano colaborador de Radev y candidato, indicó que si Radev dirigiera un partido, sería proeuropeo, pero con una visión que podría alejarse de la élite europea actual, sugiriendo que podría adoptar políticas más alineadas con Orbán.

A lo largo de su presidencia, Radev ha expresado posturas sobre la guerra en Ucrania que difieren de todos los Gobiernos búlgaros. Se ha opuesto a la ayuda militar a Kiev, argumentando que podría arrastrar a Bulgaria a la guerra, y ha abogado por el diálogo con Moscú. Sus declaraciones incluyeron la controvertida calificación de Crimea como «legalmente rusa» y un enfrentamiento público con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, durante una visita a Sofía en 2023.

En un reciente discurso, Radev criticó a Bruselas en términos cada vez más agresivos, acusando a la UE de priorizar la ideología sobre el pragmatismo económico y de ser «rehén de su ambición de liderazgo moral». Sostuvo que las decisiones económicas ya no se basan en el beneficio real, sino en la corrección ideológica, lo que ha generado preocupación sobre la dirección futura del país.

Fragmentación y alianzas inciertas

El GERB se mantiene en segundo lugar, y Borissov sigue siendo su figura dominante, aunque ha cedido el poder en los últimos años. Borissov, descrito como un «buen amigo de Orbán», ha sido reacio a aceptar comparaciones políticas con el líder húngaro, insistiendo en que Bulgaria debe continuar su camino proeuropeo.

No obstante, la reciente decisión del primer ministro del GERB, Rosen Zheliazkov, de unirse a la Junta de Paz del presidente estadounidense Donald Trump, sin la consulta del Parlamento y en contradicción con la mayoría de los países de la UE, ha generado tensiones significativas entre el Gobierno y la oposición.

En una entrevista con ‘Euronews’, el primer ministro interino Andrey Gyurov describió esta decisión como «la de un oligarca», haciendo referencia a Peevski y reforzando las denuncias de captura del Estado por parte de la oposición.

Se prevé que el partido de Peevski termine cuarto, mientras que el partido nacionalista Vazrazhdane, liderado por Kostadin Kostadinov, aboga por la salida de la eurozona y sigue ganando terreno con un mensaje anti-UE.

A pesar de encabezar las encuestas, es poco probable que Radev logre gobernar solo. La retórica durante la campaña indica que la formación de coaliciones será difícil. Recientemente, en un debate organizado por periodistas independientes, el entorno de Radev descartó la cooperación con Borissov y Peevski.

El GERB también se ha distanciado de Peevski, mientras que el PP-DB ha rechazado cualquier asociación con Borissov. Peevski no se presentó al debate final, ni lo hicieron otros partidos como Revival. Sin embargo, la historia política reciente sugiere que estas barreras suelen ser flexibles.

Una votación decisiva para Sofía, observada en Bruselas

Sin un camino claro hacia la mayoría, se prevé que el próximo Gobierno surja de negociaciones tensas y potencialmente inestables. Para los votantes, la pregunta que queda es si los recientes acontecimientos en Hungría inspirarán una mayor participación o si Bulgaria podría avanzar hacia un modelo similar al estilo de Gobierno de Orbán.

El resultado no solo determinará el rumbo interno del país, sino que también será seguido de cerca por la UE, que teme una mayor inestabilidad en sus Estados miembros.

FUENTE

María Izquierdo

María Izquierdo, profesional junior en comunicación digital, crea y gestiona contenido para redes y medios online. Con formación en comunicación audiovisual y un máster en contenidos digitales, destaca en copywriting, narrativa visual y edición básica. Le interesa el storytelling y la conexión con audiencias jóvenes.

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