La lengua de signos y la comunidad sorda llegan al CDN con ‘Grito, boda y sangre’
El Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional presenta este viernes 23 de enero ‘Grito, boda y sangre’, una obra que reinterpreta ‘Bodas de Sangre’ de Federico García Lorca desde una perspectiva innovadora, poniendo la lengua de signos en el centro de la escena gracias a la participación de dos actrices sordas como protagonistas.
«Es un paso importantísimo para la comunidad sorda porque es la primera vez que el teatro nacional hace un espectáculo en lengua de signos. Espero que no sea la única propuesta y que al final se convierta en normalidad para que las personas sordas puedan acceder al teatro», expresó la directora sorda Ángela Ibáñez durante la rueda de prensa. Además, destacó que la lengua de signos es «una lengua minoritaria y que está minorizada», indicando que esta propuesta busca reivindicar su presencia, y estará en cartel hasta el 1 de marzo.
Ángela Ibáñez, quien contó con la dirección asociada de Julián Fuentes (una persona oyente), se mostró orgullosa de adaptar la obra de Lorca, considerando que el dramaturgo tiene “cosas en común” con la comunidad sorda. La directora comentó: «Su homosexualidad no estaba bien vista y a él le dio igual, siempre estuvo orgulloso y creó obras sobre esto, con discreción pero sin pudor. A nosotros nos pasa lo mismo, estamos orgullosos de nuestra lengua y no queremos cambiarla».
‘Grito, boda y sangre’ se presenta como un espectáculo «accesible a cualquier persona», enfatizando que el público oyente también es bienvenido. «La obra está pensada para que todos la podamos disfrutar, aunque está pensada en lengua de signos para las personas sordas. Hay música y elementos visuales para que las personas oyentes puedan disfrutar en igualdad de condiciones. En este espectáculo todo es posible, lo imposible no existe», explicó Ángela Ibáñez.
«LA VOZ DE LAS PERSONAS SORDAS SE TIENE QUE OÍR»
La directora también subrayó la «diversidad» que existe dentro de la comunidad sorda, resaltando que hay personas que oralizan, otras que hablan y algunas que utilizan ambas formas de comunicación. «Hay que respetar también la voz de las personas sordas, no hay que cambiarla, hay que aceptarlo. Es la voz de la persona sorda y se tiene que oír», enfatizó.
Por su parte, Julián Fuentes defendió que la cultura y la comunidad sorda tienen «muchísimo» que aportar a las artes visuales. Su labor en esta producción consistió en ayudar a los oyentes a alcanzar la altura emotiva de las personas sordas. «Hemos compuesto música para que los oyentes podamos intuir lo que las personas sordas están viendo y sintiendo cuando están pasando por las escenas», comentó Fuentes.
El espectáculo narra la historia de dos adolescentes sordas que deciden quedarse solas en el aula de teatro de su instituto mientras el resto del grupo asiste a una función no accesible. Dentro de ese espacio, entre baúles polvorientos y pupitres, comienzan a improvisar con textos de Lorca. A través del universo simbólico de ‘Bodas de sangre’, las protagonistas exploran temas como el deseo, la pérdida, y la tragedia de una juventud truncada: «la muerte, no solo del cuerpo sino también de los sueños, cuando se crece sin referentes ni espacios donde imaginarse un futuro».
