Mabel Lozano ha inaugurado este viernes la sección Made in Spain del Festival de San Sebastián con su cortometraje ‘Abril, hoy no es invierno’, un documental que pone de relieve las barreras judiciales que afrontan las mujeres víctimas de abusos sexuales. Este cortometraje, que se estrenó mundialmente en la 73.ª edición del festival, narra la desgarradora historia de Abril, una mujer con parálisis cerebral que fue objeto de violaciones durante 20 años, de los 15 a los 36 años, a una media de cinco hombres diarios, mientras su caso fue sobreseído por la justicia debido a su incapacidad para comunicarse.
En una reciente entrevista, Lozano criticó las dificultades que enfrentan las mujeres con discapacidad para acceder a la justicia. «Las mujeres con parálisis cerebral pueden ir a juicio con un logopeda que las interprete, pero ese logopeda lo deben pagar ellas mismas. En muchos casos, no tienen dinero y, por lo tanto, no pueden acceder a la justicia. La justicia sigue siendo una mierda», manifestó.
La cineasta recibió la propuesta de realizar este trabajo a través de Ángela, una abogada de ASPACE que expuso la historia de Abril. Al principio, Lozano mostró cierta reticencia a abordar el tema por temor a «anestesiar» el dolor de la situación, y comentó: «Llevo muchos años confrontando a los monstruos y sé que puedo acostumbrarme al dolor. No quería contar esta historia porque temía anestesiarme y hacer pornografía del sufrimiento». Sin embargo, la insistencia de la abogada llevó a Lozano a enfrentar el «brutal» caso de Abril, resaltando su «resiliencia» y su lucha para salir adelante.
El cortometraje retrata el intenso proceso de ocho meses de comunicación entre Abril y Ángela. «Abril fue quien hizo que la rescataran, ella misma envió las coordenadas», cuenta Lozano. No obstante, aclara que para que Abril pudiera realizar un gesto como colocar un ‘sí’ o un ‘no’, podía tardar hasta una hora, lo que complicó enormemente el proceso de rescate.
Abril contactó con la línea telefónica de violencia de género de ASPACE para mujeres con parálisis cerebral, y durante ocho meses se comunicó enviando emojis. «Los hombres entraban en su casa, mientras ella estaba inerte en la cama, incapaz de moverse, gritar o huir. Si hacía ruido, la golpeaban y le dejaban sin comer», detalló Lozano, quien calificó a estos hombres de «enfermos» y manifestó su incredulidad ante la gravedad de la situación.
Lozano también hizo hincapié en la falta de atención que reciben las personas con discapacidad por parte de la sociedad. Comenta que, a menudo, Abril era considerada «una mujer sin voz» porque sus familiares la describían como una «retrasada mental», lo que le restaba credibilidad ante profesionales de la salud.
El cortometraje revela que el juzgado determinó que Abril no podía comparecer, sobreseído el caso y permitiendo que su familia, que actuaba como proxeneta, escapara de cualquier tipo de responsabilidad. «En aquella época, el testimonio de una mujer como ella, que no podía comunicarse, no valía», lamentó Lozano.
Un cociente intelectual muy superior
Actualmente, Abril vive en una residencia en Madrid y padece esquizofrenia. «Cuando te maltratan de esa manera y te cosifican, te vuelves loca», indicó Lozano, enfatizando que la víctima tiene un cociente intelectual de 140. «Es impactante pensar en cómo se siente encerrada en un cuerpo inerte sin poder comunicarse, mientras la gente a su alrededor la considera tonta y piensa que no entiende», añadió la cineasta.
A pesar de las adversidades, Abril sonríe constantemente y disfruta del tiempo al aire libre. «Es importante destacar que una persona con parálisis cerebral no tiene que ser vista como alguien con retraso mental. Pueden ser tan inteligentes o más que cualquiera», subrayó Lozano.
Finalmente, la cineasta expresó su preocupación por la falta de empatía que la sociedad muestra hacia los demás: «Hemos perdido la capacidad de mirar a los ojos, de conectar con el profundo sufrimiento del otro. Esta chica (Abril) salía todos los días y nunca nadie la miró ni le preguntó cómo estaba. Esa falta de empatía es un problema que debemos corregir», concluyó.
