Dos años de conflicto sin consenso árabe sobre Gaza
Durante estos dos años de guerra en Gaza, las naciones árabes e islámicas no han logrado unificar posturas más firmes contra Israel. Se encuentran atrapadas por fricciones internas, la necesidad de mantener buenas relaciones con Estados Unidos y las tensiones al limitar y reprimir las expresiones ciudadanas de apoyo a Palestina.
Dos semanas después de que el brutal ataque del grupo islamista palestino Hamás contra territorio israelí causara 1.200 muertos y 251 secuestrados, y desencadenara una guerra contra la Franja de Gaza que ha derivado en un genocidio —tal como lo califica un informe de la ONU— con más de 67.000 muertos, la mayoría civiles, El Cairo organizó una conferencia de países árabes y europeos que fue un fracaso, sin ni siquiera un comunicado final.
Fuentes europeas que participaron confiaron entonces que lo que les preocupaba eran las grietas de confianza que se podrían producir entre los pueblos árabes y los europeos en reuniones futuras. Sin embargo, no contemplaban que las refriegas internas dentro de los propios árabes los mantendrían alejados durante estos dos años.
Ni el ataque a Doha los unió
“Ni siquiera un acto tan provocador y agresivo como el reciente ataque israelí a Doha logró unir a todos los estados de la región en apoyo de una postura unificada que trascienda el simbolismo y la retórica para alcanzar un acuerdo sobre acciones comunes o próximos pasos”, aseguró a EFE el experto Kristian Ulrichsen, del Baker Institute for the Middle East de la Universidad de Rice.
El pasado 9 de septiembre, Israel atacó a la delegación negociadora de Hamás en Doha —mediador junto a Egipto y Estados Unidos en las negociaciones para una tregua en Gaza— y mató a cinco miembros del movimiento—pero no del liderazgo— y a un oficial de seguridad catarí.
Aunque este ataque no logró unir a todos, ha cambiado ciertas cosas. “Sí parece haber sido un punto de inflexión, ya que rompió los meses de estancamiento y dejó claro al presidente estadounidense, Donald Trump, que el statu quo ya no era una opción”, afirmó Ulrichsen.
Ahora, la ciudad balneario egipcia de Sharm al Sheij es escenario de una ronda de conversaciones indirectas entre Hamás e Israel para abordar el plan de Trump, en la que una delegación de Turquía se ha unido como mediador.
Tras la agresión contra Doha, algo sin precedentes, Catar se apresuró a convocar una reunión en la que no solo estaban los países árabes, sino también aquellos con la influencia islámica, como Turquía o Pakistán.

El objetivo de esta reunión fue buscar una postura “unificada” contra Israel con un lenguaje más duro que el que algunos países árabes —e incluso la Liga Árabe— han empleado, pero tampoco lo lograron. Además, naciones como Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Marruecos —los tres con relaciones diplomáticas con Israel a partir de los Acuerdos de Abraham auspiciados por la Administración Trump— enviaron delegaciones de bajo nivel, algo que ya habían hecho en situaciones anteriores.
Por otro lado, otro país importante en la cuestión palestina es Argelia, que en la conferencia que El Cairo organizó junto a la Liga Árabe para el plan de reconstrucción de Gaza el pasado marzo se quejó de que “el proceso de preparación de la cumbre árabe estuvo monopolizado por un grupo limitado y pequeño de países, que se encargaron de elaborar los resultados de la cumbre sin la menor coordinación con el resto”.
¿Y las protestas en las calles?
Mientras que en muchas partes del mundo han salido a las calles para protestar por la masacre de los gazatíes, en los países árabes dichas protestas se han visto muy limitadas a algunos lugares como Marruecos o Argelia, mientras que en otros han sido reprimidas y prohibidas.
En el caso de Egipto, que arrestó a decenas de personas por protestas propalestinas, solo permite un pequeño espacio en las escaleras de entrada del edificio del sindicato de periodistas para concentrarse, llegando a bloquear incluso una marcha global hacia el paso fronterizo de Rafah.
En los países del Golfo, no existe incluso este movimiento social por la represión de las autoridades. Igualmente, como indicó Ulrichsen, “hay diferentes maneras de expresar la ira por la situación en Gaza que en parte reflejan la facilidad para protestar con seguridad, pero de ningún modo minimizan la intensidad o la autenticidad de tales sentimientos”.
Así, lo único que ha logrado unir a gran parte del pueblo árabe ha sido el boicot a los productos y empresas israelíes y vinculadas al Estado judío. Además, esa frustración por no poder salir a la calle a protestar ha llevado a que muchos símbolos palestinos, como la sandía y la kufiya, formen parte del día a día de muchos árabes como un mensaje de que aunque los gobiernos de sus países no estén unidos, el pueblo sí lo está.
