Descubren el ‘eslabón perdido’ en Málaga y crean la mayor supercueva de Andalucía con 26,4 km
El descubrimiento de una nueva «supercueva» en la Sierra de las Nieves ha generado un importante debate en torno a su protección y divulgación. El presidente de la Mancomunidad de Municipios de esta zona y alcalde de Istán, José Miguel Marín, ha destacado la necesidad de proteger este hallazgo y de difundirlo con orgullo y responsabilidad. Este equilibrio resulta complicado cuando un descubrimiento científico también es visto como una oportunidad turística.
¿Qué significa una “supercueva” en términos científicos?
Calificarla como “supercueva” es una simplificación útil para el público, pero el término correcto en la jerga científica es más complejo. Se refiere a un sistema kárstico desarrollado, que consiste en una red de conductos y galerías excavados por el agua a lo largo de períodos geológicos. Este tipo de sistema es fundamental para entender la historia del macizo montañoso y su funcionamiento hidrológico. La Sierra de las Nieves, gracias a su complejidad geológica y diversidad de hábitats, se convierte en un punto singular dentro de la red de parques nacionales de España.
Existen en el país otros sistemas kársticos extensos, aunque con contextos geográficos diversos. Por ejemplo, el complejo de Ojo Guareña en Burgos se menciona como una red que supera los 110 kilómetros de galerías documentadas. Este dato ilustra la diferencia de escala con el sistema malagueño, que cuenta con 26,4 kilómetros. Sin embargo, esta comparación no resta valor al Nevero-Aire. En espeleología, la magnitud de un sistema no se mide solo por su longitud, sino también por su potencial científico, los desafíos técnicos que presenta y el nivel de conocimiento que se puede adquirir mediante una topografía precisa.
El mapa aún no está cerrado
Una de las claves del anuncio sobre la nueva «supercueva» es que el complejo tiene el potencial de expandirse. El Grupo de Espeleología de la Sierra (GES) ha señalado que el sistema podría superar los 50 kilómetros si logra conectarse con otras cavidades cercanas, como la Cueva del Agua (TO 36). Esta posibilidad abre una nueva etapa en la exploración, menos mediática pero igualmente exigente, que requiere demostrar nuevas conexiones con la misma rigurosidad que ha caracterizado a los descubrimientos previos.
En una entrevista en la radio, el espeleólogo Rogelio Ferrer, miembro del GES, expresó la sensación del equipo con una frase que resuena entre los exploradores de grandes sistemas: “Es solo el principio”. Ferrer describió el hallazgo como una “caja de Pandora” recién abierta, haciendo alusión al volumen de trabajo que ahora se presenta para comprender y documentar el sistema en su totalidad.
El futuro inmediato del Nevero-Aire dependerá de dos enfoques: el científico, que incluye la exploración, la topografía y la divulgación técnica; y el de gestión pública, que debe contemplar las autorizaciones, la conservación y un control exhaustivo del impacto humano. Este último aspecto es crucial, especialmente si la etiqueta de “supercueva” atrae el interés turístico. En un parque nacional donde la diversidad biológica y la complejidad del sustrato son fundamentales, el subsuelo debe ser considerado parte del patrimonio natural que se protege.
